Acabo de llegar a la capital desde Chincolco, una preciosa localidad que está casi metida de cabeza en la cordillera de la quinta región. Un lugar sin ruidos ni distracciones molestas, sólo montones de sol, cerros, espinos, paltos, nogales y naranjos.
Y gracias a mi queridísimo primo y su familia pasé allá una semana de descanso, totalmente desconectada del mundo y totalmente conectada a la tierra...
Ahora me voy al sur, a Ensenada. Pero los dejo por mientras con algunas imágenes del campo y los alrededores, es realmente bonito por allá :-)

El camino de entrada al campo... a casi 2 kilómetros de donde me dejó la micro!

La plantación en pleno... al menos a este lado del camino

Los perrunitos, Ranko y Tonka

Un atardecer desde el cerro